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Cuando tu cuerpo para pero tu mente sigue corriendo: La verdad sobre las lesiones deportivas

  • Foto del escritor: Yessika Orozco Pérez
    Yessika Orozco Pérez
  • hace 20 horas
  • 6 Min. de lectura

Por Yessika Orozco | Tiempo de lectura: 6 minutos


Te lesionaste.

Dos palabras que pueden cambiar todo en un segundo. Un mal movimiento, un golpe inesperado, una fatiga acumulada que explotó en el peor momento. Y ahora estás ahí, fuera del juego, viendo cómo tus compañeros entrenan mientras tú observas desde la banca.


El doctor te dio un plazo: 6 semanas, 3 meses, quizá más. Te explicó el tratamiento, la terapia física, los ejercicios de rehabilitación. Te habló de ligamentos, músculos, inflamación, tiempo de recuperación.

Pero nadie te habló de lo otro.


Nadie te preparó para las noches en las que no puedes dormir pensando si volverás a ser el mismo. Nadie te advirtió sobre la frustración aplastante de ver tu progreso de años evaporarse en semanas. Nadie te dijo que ibas a extrañar tu deporte con una intensidad física, casi como si te faltara el aire.


Porque las lesiones deportivas no solo rompen tejidos. Rompen rutinas, identidades, sueños, confianza. Y de eso casi nadie habla.


La lesión que nadie ve


Cuando un deportista se lesiona, el impacto va mucho más allá del daño físico, afectando profundamente su bienestar psicológico y emocional.


Hablemos claro. Tu lesión tiene dos dimensiones:

La visible: Esa rodilla hinchada, ese hombro que no levanta, la radiografía que muestra el daño. Esta es la que todos ven, la que recibe tratamiento inmediato, la que tiene protocolos establecidos.

La invisible: El pánico que sientes cuando piensas en volver, la identidad que se tambalea, la ansiedad que te despierta a las 3 AM, la sensación de estar perdiendo quién eres. Esta es la que ignoran, la que minimizas incluso frente a ti mismo.


Y aquí está el problema: durante mucho tiempo, el principal objetivo de la prevención y rehabilitación de lesiones deportivas consistía solo en abordar los problemas físicos, pero ahora las investigaciones revelan una progresiva tendencia a examinar al deportista desde un punto de vista más integral, reconociendo que las variables psicosociales —estados de ánimo, ansiedad, autoconfianza, mecanismos de afrontamiento— influyen tanto en la vulnerabilidad a las lesiones como en la calidad de la recuperación.


Traducción: tu mente no es un extra opcional en la rehabilitación. Es parte fundamental del proceso.


El duelo que no se llama duelo


Permíteme decirte algo: cuando te lesionas, estás atravesando un duelo.

Sí, leíste bien. Un duelo.

No te moriste. No perdiste a un ser querido. Pero perdiste algo profundamente significativo: tu capacidad de hacer lo que amas, tu rutina, tu lugar en el equipo, quizá hasta tu beca o tu contrato. Y eso, aunque el mundo del deporte no le ponga ese nombre, es una pérdida real que merece ser procesada como tal.


Elisabeth Kübler-Ross, la psiquiatra que revolucionó nuestra comprensión del duelo, reconoció que este proceso no solo se asocia a la muerte, sino que es un proceso de adaptación a cualquier pérdida significativa: rupturas sentimentales, amputaciones, problemas familiares... y sí, lesiones deportivas.


Pero aquí está el matiz crucial que pocos entienden: estas etapas no tienen por qué producirse todas ni suceder exactamente en ese orden. No es una escalera que subes peldaño por peldaño. Es más bien una montaña rusa emocional donde puedes estar en la cima un día y en el fondo al siguiente


Las cinco caras del dolor emocional


Déjame mostrarte cómo se ve esto en la vida real de un deportista lesionado. Estas son las fases emocionales que probablemente vas a experimentar (o ya estás experimentando):


Fase 1: La negación

"No es tan grave." "En una semana estoy de vuelta." "He tenido cosas peores."

La negación en lesiones deportivas rara vez es literal. No niegas que te lesionaste (el dolor te lo recuerda a cada segundo). Lo que niegas es la magnitud, la gravedad, el impacto real que esto tendrá en tu vida.

Minimiizas. Restas importancia. Prometes regresos imposibles. Y lo haces porque tu cerebro está tratando de protegerte del impacto completo de la realidad.

El peligro: cuando la negación te lleva a no seguir el tratamiento adecuado o a intentar volver antes de tiempo, transformas una lesión recuperable en una lesión crónica.


Fase 2: La ira

"¿Por qué yo?" "¿Por qué justo ahora?" "Esto es injusto."

La frustración llega como una ola. Y no discrimina hacia dónde se dirige.

Estás enojado con tu cuerpo por traicionarte. Con tu entrenador por esa práctica extra. Con ese contrario por la entrada. Con el fisioterapeuta porque el tratamiento duele. Contigo mismo por no haber sido más cuidadoso. Con el universo por su pésimo timing.

La ira es una respuesta normal. El problema es cuando se vuelve tu estado permanente, envenenando tus relaciones y saboteando tu recuperación.


Fase 3: La negociación

"Si me recupero rápido, prometo entrenar más inteligente." "Solo déjame jugar este partido importante y después descanso." "Si sigo el tratamiento al pie de la letra, estaré listo para la final, ¿verdad?"

Aquí es donde empiezas a hacer tratos con el destino, con tu cuerpo, con cualquier fuerza superior en la que creas. Buscas formas de recuperar control sobre una situación que se siente completamente fuera de tu control.

Esta fase puede tener algo positivo (te motiva a ser disciplinado en la rehabilitación) o algo peligroso (te lleva a buscar atajos, tratamientos milagrosos, o a presionarte más allá de lo recomendado).


Fase 4: La tristeza profunda

Y entonces llega la tristeza, la responsable que hace que quieras cuestionarlo todo.

Los síntomas más frecuentes en deportistas lesionados incluyen mayor irritabilidad, hostilidad, pensamientos negativos, síntomas depresivos y ansiedad.

Extrañas entrenar. Extrañas la adrenalina de la competencia. Extrañas sentirte parte de algo. Extrañas quien eras antes de la lesión.

El dolor físico, cuando no está controlado, puede afectar el sueño, el apetito y generar un impacto psicológico crónico que incluye aumento de ansiedad, miedo, desesperación y depresión.

Esta fase es la más peligrosa si no la reconoces y pides ayuda cuando la necesitas.


Fase 5: La aceptación activa

Nota que no dije "aceptación pasiva". No se trata de resignarte y decir "bueno, qué se le va a hacer".

La aceptación activa es cuando finalmente integras la lesión como parte de tu historia deportiva, no como el final de ella. Es cuando dejas de luchar contra la realidad y empiezas a trabajar con ella.

Aceptas que esto va a tomar tiempo. Aceptas que tendrás que ajustar expectativas. Aceptas que quizá regreses diferente —no necesariamente peor, solo diferente— y que está bien.

Y desde esa aceptación, empiezas a construir el camino de regreso.


Tu identidad no es tu deporte (aunque se sienta así)


Una de las crisis más profundas que enfrentan los deportistas lesionados es existencial:


¿Quién soy si no puedo hacer esto?

Si tu identidad completa está construida alrededor de ser "el pitcher", "la corredora", "el defensa central", una lesión no solo te quita tu actividad. Te quita tu sentido de ti mismo.


Y esque el deporte de alto rendimiento fomenta activamente esta fusión identidad-deporte. Te enseñan a "vivir y respirar" tu disciplina. A que tu deporte "lo sea todo". A sacrificar el resto de tu vida en el altar del rendimiento. Pero cuando te lesionas, esa identidad unidimensional se convierte en tu mayor vulnerabilidad psicológica.


Los deportistas que mejor navegan las lesiones son aquellos que han cultivado una identidad multifacética: sí, son deportistas, pero también son estudiantes, amigos, hijos, personas con hobbies fuera del deporte, seres humanos con valor más allá de su rendimiento atlético.

¿Suena menos pesado? Quizá. ¿Es más saludable y sostenible? Absolutamente.


El miedo que paraliza: la re-lesión


Por último, hablemos del elefante en la habitación: el miedo a volver.

Recibes el alta médica. Los estudios dicen que estás bien. El fisioterapeuta te da luz verde. Y sin embargo, ahí está, ese nudo en el estómago cuando piensas en volver a la cancha.

"¿Y si me vuelve a pasar?" "¿Y si mi cuerpo ya no responde igual?" "¿Y si me lesiono peor?"


Este miedo tiene un nombre técnico: kinesiofobia (miedo al movimiento). Y la disposición psicológica del deportista en su vuelta a la actividad deportiva, incluyendo su autopercepción sobre su nivel de seguridad en el retorno, puede influir significativamente en la vuelta a la práctica y prevenir recidivas.


En términos simples: si tu cabeza no está lista, no estás listo. Punto.

El alta médica es necesaria, pero no suficiente. Necesitas también un "alta psicológica": la confianza de que tu cuerpo puede volver a hacer lo que hacía, la capacidad de tolerar el riesgo inherente al deporte, la resiliencia para manejar contratiempos sin colapsar.


Regresar después de una lesión no significa volver a ser exactamente quien eras antes.

Y eso no es malo.

Tú decides.


¿Te reconociste en alguna parte de este artículo? No estás solo en esto. Compártelo con alguien que esté atravesando una lesión.


Referencias


  1. Olmedilla-Zafra, A. & García-Mas, A. (2023). Psycholight: protocolo de evaluación e intervención psicológica para la prevención y la rehabilitación de lesiones deportivas. Revista de Psicología Aplicada al Deporte y el Ejercicio Físico.

  2. Kübler-Ross, E. (1969). On Death and Dying.

  3. García-Mas, A., Olmedilla, A., Morilla, M., Rivas, C., García-Quinteiro, E., & Ortega, E. (2006). Un nuevo modelo de cooperación deportista-psicólogo: el programa PSIDE. Papeles del Psicólogo, 27(3), 139-145.

  4. Ivarsson, A., Johnson, U., Andersen, M.B., Tranaeus, U., Stenling, A., & Lindwall, M. (2017). Psychosocial Factors and Sport Injuries: Meta-analyses for prediction and prevention. Sports Medicine, 47, 353-365.



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